domingo, 15 de enero de 2012

Travesía por el Río Gualeguay

Participantes: Andrés Demartini, Eduardo Butinoff y Hugo Alarcón (pamicidas).

Recorrido: Balneario Rosario del Tala hasta donde lleguemos.

Fecha: del 12/01/2012 al 15/01/2012


Album de fotos:
https://picasaweb.google.com/117016995829981772496/TravesiaPorElGualeguay#


Día 12 de Enero de 2012: Abandonamos Paraná rumbo a Rosario del Tala, en una mañana con un cielo impecable, todo nos decía que la travesía al Gualeguay estaría signada por un tiempo excelente. Debido a esto y al estreno “Porta-kayak, trailer”  o como se llame, ocupamos gran parte del tiempo del viaje en comentarios y en las bromas sobre este tema. Realmente estábamos de buen humor.

El programa que habíamos armado era que ese día jueves, luego del medio día. Comenzáramos la travesía. La rotura del auto nos obliga a permanecer en Nogoyá. Realmente el “hombre propone y Dios dispone”, la rotura del auto nos obliga que nuestra primera noche acampemos en el “paseo de los puentes”, un camping en las afueras de Nogoyá.

Sinceramente quedamos un poco decepcionados por este inconveniente, pero el buen humor no se había perdido aun, nos consolábamos un poco comiendo un buen asado que hizo Andrés.

La idea era que en la travesía pudiéramos llegar mas lejos que en la anterior visita que hicieron Eduardo y Andrés. En mi mente quedó la idea que sería difícil, con el retraso, poder ir más allá de lo conocido. Pero en fin, luego veríamos.

En esa primera noche de luna y campamento en el paseo Los Puentes me había hecho  una idea preconcebida de lo que encontraría en el Gualeguay, no lo conocía pero presentía el río, sus orillas, presentía sus pájaros, sus aromas, los sonidos, quizás por lo que me habían comentado los muchachos de la experiencia de su primer viaje. De todas formas me fui a dormir con ese presentimiento.

Día 13 de Enero de 2012:  Al día siguiente nos avisan que el auto estaba reparado, por lo tanto levantamos el campamento y seguimos viaje hacia el balneario de Rosario del Tala al cual llegamos pasado el medio día. Dejamos el auto y el trailer en el balneario y echamos los kayaks en el agua, por fine el Gualeguay, por fin la aventura desconocida para mi… ¡¡¡No sabíamos lo que nos esperaba en aquella primera noche de campamento Gualeyo…!!!.

Salimos del Puerto (balneario), atravesamos rápidamente los puentes y nos alejamos de la parte poblada,… allí me sorprendió el paisaje… Perdónenme pero en esta parte de la crónica me refiero a mi experiencia personal ante esto, todo nuevo ante mí, ya que Andrés y Eduardo ya habían venido.


Realmente el paisaje era distinto de lo que me había imaginado, de lo que había presentido aquella noche en Nogoyá. A medida que avanzábamos se aparecían en cada meandro (curvas y contra curvas), en una de las márgenes, arenales blancos, finos, brillantes, bordeando las playas que invitaban a quedarse, magia y atracción; en la otra margen aparecían barrancas bajas y arboleda, la hierba las cubría hasta llegar al río, pintándolas de verde, como si un jardinero prodigioso hubiera puesto un tapiz sobre ellas. Luz, arenas, playas, barrancas, no cabía todo en mis ojos…


Este paisaje se sucedía interminablemente en cada remada, en cada curva,… yo mudo y asombrado. Dejando mis impresiones para otro momento, seguimos navegando y nos cruzaron una bandada de cigüeñas, supuestamente deben tener su alimento en la zona y han hecho allí su habitat. Más adelante las volvimos a encontrar en las ramas de un árbol seco. Dejamos de remar y en silencio las naves se acercaron lentamente, aprovechando para sacarles algunas fotos.

Cuando declinó el sol y la tarde avanzaba, buscamos un arenal para acampar y renovar fuerzas.

Habíamos recorrido aproximadamente 20 Kms. Desde el balneario.

Armamos el campamento sin prisa y ordenamos los elementos del equipo alrededor de las carpas, cosa extraña, no hicimos una fogata, cosa rara en un campamento, calentamos agua a fuerza de butano y comenzamos una mateada que se hizo larga, contemplando como las aves buscaban su refugio, presintiendo la noche. El cielo se fue adornando de estrellas, entre comentarios sobre lo vivido en la jornada que había llegado a su fin.


Como no habíamos comido el asado que traíamos de Nogoyá, lo dejamos afuera de las carpas pensando en tirarlo al otro día por temor a la descomposición. Terminamos la mateada y ya todo un universo se nos venía encima con la cantidad de estrellas con que el cielo se adornaba. Con esa vista maravillosa y el chapoteo de algún pez que buscaba su alimento nos fuimos a dormir.

Serían alrededor de las 4 de la mañana cuando un alarido desgarrador y lúgubre nos despierta sobresaltados. En un primer momento pensé que se trataba de un ave grande, ya que habíamos visto por el lugar cigüeñas y garzas mora. De repente… siento el sonido del cierre de una carpa al abrirse y la voz de Andrés que dice ¿…Que es eso que grita así…? , agregando al momento,… ¡¡¡”La pucha esta cosa se nos viene encima!!!... Ahí no dudé un momento, asustado abro mi carpa y salgo con la linterna en la mano, veo a Andrés alumbrando para el lado opuesto al campamento, cosa que yo imito uniendo la luz de mi linterna a la de él. Veo un animal, con apariencia de perro, lo veo de costado, as luces de las linternas le impactan los ojos lo que le da un apariencia mas inquietante aún. Lo asimilé a una especie de perro de mediano tamaño, pero su alarido era distinto a todo lo que había oído en mi vida. Se quedó mirándonos un rato y luego entró en el monte que estaba luego del arenal. Desde allí seguía mirándonos y emitía ese alarido tan particular. Solo la noche y nosotros éramos testigos de esto.

Al oír que este alarido se alejaba, tratamos de reanudar el sueño, pensando que este animal seguramente había sentido el olor de la carne asada que habíamos dejado afuera.

Yo no pude dormir, sintiendo a lo lejos el alarido lúgubre e inquietante, la verdad que quedamos preocupados por ese encuentro inesperado.


Al rato sentimos nuevamente ese alarido, pero mucho más cercano al campamento pero esta vez era contestado por otro animal, evidentemente se estaban comunicando entre ellos. Salimos rápidamente de las carpas alumbramos rápidamente hacia el monte y efectivamente comprobamos que se trataba de dos animales que nos observaban a una distancia de aproximadamente unos 150 metros. Dese una idea el lector de lo estridente de ese alarido que a esa distancia sonaba como si el animal estuviera a nuestro lado. Mudos solo mirábamos hacia el monte, de repente en esa situación se nos ocurre una humorada de la cual no nos reímos para nada… ¡¡¡ “no será que se estarán llamando para reunir a la manada a comer y nosotros somos el almuerzo”!!!...

Con las primeras luces desaparecieron, se fueron, así como habían venido. Nosotros impactados, intrigados con más preguntas que respuestas. Habíamos tenido una experiencia fuerte, ¿qué más nos podría acontecer?

Día 14 de enero de 2012: Abandonamos el arenal siguiendo río arriba, como era de esperar nuestra conversación era monotemática, solo se hablaba de lo acontecido la noche anterior. Entre relato y relato el paisaje volvía a aparecer ofreciéndonos sus barrancas y arenales cuerva a curva. Pensábamos navegar todo ese sábado río arriba para luego utilizar el domingo para volver al balneario. Navegamos aproximadamente 3 horas, llamando nuestra atención la cantidad de mojarras que saltaban a nuestro alrededor de tal forma que algunas quedaban en nuestros cubre cockpit.

Buscamos una playa para tomar unos mates y refugiarnos de un enojado sol, que nos tenía a mal traer, y luego cocinar algo. El tema central seguía siendo el mismo, decidimos bautizas al lugar del misterioso encuentro “Puerto Lobisón”.

Después de comer algo dormimos un poco, Eduardo y Yo bajo la arboleda, hacía mucho calor, en el medio del río se había formado un pequeño banco de ripio donde Andrés instaló su dormidero cubriéndose del sol con una loneta plástica de azul intenso, dando un toque estrafalario al paisaje con ese mamotreto en el medio del Gualeguay.


Entre cargadas y risas nos fuimos durmiendo aletargados por el calor.

Alrededor de las 17 horas nos despertamos y fuimos preparando los kayaks para reiniciar la marcha, callados todavía por el sopor de la tarde abrasadora. Navegamos sin realizar muchos comentarios, solo algunas cargadas sobre la siesta de Andrés y su mamotreto. Esa tarde mis compañeros reconocieron el lugar al que habían llegado en la anterior travesía, estábamos superando el recorrido anterior, ahora todo lo que se nos presentaba era nuevo para los tres navegantes.

En algunos lugares, el monte que anteriormente coronaba las barrancas era reemplazado por pajonales de paja brava, esto daba un toque más agreste al lugar, ningún ser humano, ningún animal, silencio, barrancas y pajonales, pensé… “si se presentan algunos Chanás o Charruas con arco y flechas no me extrañaría”…

Al irse la tarde acampamos en una playita para comer y dormir lo que hicimos con bastante rapidez. Luego nos fuimos s dormir con la presunción de que volveríamos a sentir ese misterioso alarido. Al rato vimos con un poco de frustración que esto no sería posible pues se sentían ruidos de vehículos,… ¡¡¡ que decepción estábamos cerca de la civilización nosotros que nos creíamos émulos de Robinson Crusoe el náufrago!!!

Día 15 de enero de 2012: Utilizamos el día domingo, como estaba programado, para volver al balneario de Rosario del Tala. Al rato de navegar  pasamos por “Puerto Lobisón”, bajamos y vimos las huellas del misterioso animal. La marca dejada por este nos había pensar en un animal no muy pesado dado como se habían hundido en la arena. Memorizamos el lugar para volver algún día a ver si lo podíamos fotografiar o filmar. Inmediatamente cuando llegamos a Paraná investigaríamos sobre este animal para conocer algo de él. Con este pensamiento volvimos a casa.

 EPILOGO

El animal en cuestión se trataba de un  “AGUARA GUAZU”, cánido en peligro de extinción; el alarido que emite es para comunicarse entre ellos a larga distancia, de allí seguramente reside su estridencia. Su habitat geográfico  es el litoral argentino, Paraguay y sur de Brasil.

...¡Ah casi me olvidaba, es inofensivo para el hombre!...

¡¡¡Hasta la próxima!!!...

Hugo Alarcón

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